El domingo fui a misa y mi sorpresa fue tal cuando vi que, a pesar de todo lo que ha pasado, las cosas no han cambiado mucho…Ahí estaban las típicas viejas copuchentas del barrio que después de públicar la vida de todos, juzgando sus actitudes, van a pedir perdón y ha hacer una donación para expiar cualquier pecado cometido. En frente están esos papás que, por orden del cura que va a bautizar o unjir a su hijo, deben hacer acto de presencia de manera impecable cada domingo antes de la ceremonia. Bueno, también estaban las infaltables señoras que viven en la parroquia y que son íntimas del curita de turno, ellas se encargan de pedir las ofrendas y también de mirar feo si donas sólo monedas, son las famosas pierdeteuna, pero inofensivas al fin y al cabo.
Detrás mio se sentó Andrés, el joven que todos reconocen como gay, pero que nadie se atreve a decirlo, lo llaman “el niño del otro equipo”, “ese que se cree niña” o simplemente “ese que salió del closet”. Ahí estaba Andrés, como pidiendo perdón por su condición sólo porque el resto lo mira extraño, mientras lo observaba pensaba que en estas circunstancias es cuando debiese sacar el cartelito del Sernam para decir que "Maricón es que le pega a una mujer", para ver si así dejaban de mirarlo un rato y si más de alguno se paraba y se iba al sentirse identificado.
También estaban las viejitas que todavia usan el velo negro, como signo de respeto, y que no saben mucho si estan en misa de siete y media o de doce, o si es día jueves o domingo, pero que rezan el rosario sin olvidar ni una coma.
También estaban las viejitas que todavia usan el velo negro, como signo de respeto, y que no saben mucho si estan en misa de siete y media o de doce, o si es día jueves o domingo, pero que rezan el rosario sin olvidar ni una coma.
Bueno y el resto, es la gente “normal” en general, aquella que sólo observa cautelosa desde su lugar en las bancas de la iglesia, aquella que va a pedir por algo que la aflige y que encuentra en la fe esa fuerza que necesita para solucionar su problema, esa gente que está ahí simplemente para agradecer las bendiciones que le tocaron y no para pedir más. Es más, reconocí a un amigo que colabora como una especie de manda para exculpar ante Dios el suicidio de su hijo, para muchos discutible, pero lo importante es que su fe lo mantiene de pie y escogio esa opción antes de seguir el que escogio su hijo. En fin, creo que dentro de todos reconocí a la gente "normal", que sin duda es la mayoria, gracias a Dios, puedo decir. Aquellos que no eran cínicos, que no estaban ahí por compromiso social o porque en sus casa ya no los aguantaban, sino que estaban por algo más, por su fe, por su esperanza, por ese algo que necesitan aquellos que aún creen, bueno al menos eso es lo yo quiero creer.
Por María Pilar Oyarzún